Despidos con clase

Ajos y Cebollas

No nací sabiendo y he metido la pata en incontables ocasiones. Esto, que para algunos es un sacrilegio de magnitudes hercúleas y se empeñan en esconder- o no nombrarlo jamás- me ha valido para aprender muchos conceptos “de verdad” y obtener una visión más real de muchas cosas: no fiarme de los que nunca se equivocan e identificar algunas situaciones.

Hace unos días, como observador accidental, fui testigo de una experiencia nada agradable. Inmediatamente recordé que en alguna ocasión leí algo sobre una situación similar. Este artículo no es fruto de la criptomnesia, sino de una experiencia real que no quiero dejar pasar, consciente de que se ha escrito ya sobre este mismo tema.

Un sábado nublado de verano, en una ciudad con la playa a veinte minutos, mi esposa y yo decidimos ir a un centro comercial en Huelva a pasear y, más tarde, a eso de las dos, tomar algo. Optamos por una nueva enseña de comida rápida que, dicho sea de paso, se está ganando poco a poco un hueco en el mercado. Había buen ambiente y, en general, bastante tráfico de clientes.

El procedimiento para pedir obliga a esperar unos pocos minutos hasta que la comanda está lista y, en este pequeño tiempo en el que los jugos gástricos ya empiezan a hacer su trabajo, mirando aquí y allí, charlando, vi la escena: una comunicación de fin de contrato.

No me fue difícil identificar la situación y seguro que a nadie que pasó por ahí, ya que ésta se produjo justo en una de las entradas de acceso al centro comercial, que es donde está ubicado el restaurante. Imaginen el cuadro: una chica joven de tez morena, diríase en torno a los veinte años, sentada a la mesa anexa al acceso del establecimiento, ocultaba con sus manos y brazos unas lágrimas que le impedían casi mediar palabra. Unos papeles encima de la mesa y dos compañeros intentando consolarla. El espectáculo pronto acaparó todas las miradas de los clientes y transeúntes de alrededor.

Reconozco que me acerqué a cotillear como el que no quiere la cosa… “Ahora podrás ir a la playa en verano…” “Contamos contigo para el futuro…” “No te preocupes que no es personal, es política de la empresa…”

No entro a valorar, pues desconozco por completo si la chica se entregó en cuerpo y alma a su trabajo y no se merecía lo vivido; si fue así, a cambio de eso ya obtuvo un sueldo (a veces es fácil olvidar que el salario se paga por el trabajo bien hecho y no al revés). Pero que  la “política de la empresa” sea comunicar a los trabajadores en cualquier sitio y de cualquier forma que a partir de hoy está de vacaciones indefinidas, permítanme que lo dude bastante -o me resisto a creerlo-. Y si es así porque es “algo sin importancia”, “del día a día”,  “porque siempre se ha hecho así” o “porque no había caído”, que Dios nos coja confesados con “la clase” de los “nuevos talentos”.

Yo, como cliente, ¿tengo que presenciar este tipo de situaciones? Claro que no. Ni vivirla la trabajadora. Y ni hablemos de la pésima imagen de marca que se transmite.

Si lo razonáramos con el responsable durante no más de cinco minutos, seguro que no sería difícil llegar a la conclusión de que es fácil evitarlo; normalmente no nos equivocamos queriendo. Si en hacer entender esta cuestión se emplean más de cinco minutos, no estaría mal hacérselo mirar a alguna de las partes. Todo depende quizá de la clase que tenga el emisor y el receptor…y por supuesto la empresa.

Existen oficinas en los centros comerciales, mesas más apartadas y otros horarios más tranquilos para comunicar correctamente este tipo de situaciones tan delicadas. Previsión, prever: disponer o preparar medios contra futuras contingencias, y ésto, no solo hay que hacerlo con los panes o las cervezas.

Pero hay que hacerlo; el area manager, supervisor o enlace con la central no puede caer en la tentación de pensar de que como el responsable de turno “tiene algo de experiencia” y las ventas van para arriba, todo va bien. Se puede tener experiencia pero estar ésta errada.

Satisfacer al cliente como misión y objetivo en la empresa… y vender mucho; por supuesto que sí, e incluso satisfacerles antes que a los accionistas –sin clientes no cobran- y definiendo esta misión hasta el límite que nos propongamos, pero sin olvidar que la hacen posible personas, a quienes hay que tratar con dignidad y respeto, sean quienes sean y ocupen el cargo que ocupen, atreviéndome a decir: incluso a los que aspiran a ser trabajadores de la misma.

La catedral la construimos entre todos, no solo con los arquitectos. Trivializar con estos asuntos demuestra una ignorancia supina.

Tras la parrafada que tuvo que oír mi esposa –imagínense- ensimismado y deleitado ya con los alimentos, me espetó con su mirada: “Al final ha pasado lo que dijiste, ya tiene un corrillo de amigas a su alrededor. (No es que sea clarividente ni nada por el estilo; imaginé -preví- una situación y, ocurrió)

Cuando nos levantamos para irnos, una pareja, ignorante de lo acontecido, ya había ocupado la mesa que  había sido el improvisado escenario de un drama para aquella joven.

…si las mesas hablaran…

 

Photo credit: https://www.flickr.com/photos/italintheheart/

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7 pensamientos en “Despidos con clase

  1. Buenas noches Jaime,

    Vergonzoso… La situación narrada solo demuestra la falta de capacidad de nuestros mandos intermedios y directivos para desvincular a un trabajador.

    Un despido o una comunicación de no renovación no es una comunicación sencilla ni agradable para ninguna de las partes, mucho más si el trabajador ha realizado un buen trabajo. Requiere de una preparación previa de la persona que lo realiza y hay unas premisas básicas, entre ellas el entorno.

    Lo peor de todo, como bien comentas, es la mala imagen que transmite la empresa a sus clientes. Desconozco de que cadena de restauración se trata, pero en mi caso, tengo claro que dejaría de visitar ese restaurante que cuida tan poco este tipo de detalles.

    Un saludo.

  2. Pingback: #RRHH #Empresas - Despidos con clase | Making #...

  3. Pingback: Despidos con clase | Jaimearmada | Scoop.it

  4. Jaime:
    Que Dios nos coja confesados, exactamente Jaime. Que debe haber lugares y ocasiones própias para hacerlo. Pero no se buscan ni se esperan. Yá pasé por eso y sé como es sentirse subitamente sin piso bajo los pies. Hoy, quien manda son los KPIs. Las personas son clientes o índices de consumo. Ya los colaboradores…

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